Pensamientos

La fotografía

La fotografía era vieja, no digamos que era una reliquia como aquellas en sepia con los bordes gastados, pero tenía al menos veinte años. 

Los brazos lánguidos, como dormidos; pero en realidad incómodos, nunca me gustó tomarme fotos. Recuerdo que de muy niña, siempre que estaba frente a un lente, no podía evitar que me subiese hasta los ojos un escozor que terminaba dejándome ciega de lágrimas.

En esos momentos solo pensaba que debía mantener los ojos abiertos, hasta que la tortura terminara. Por eso los brazos, ¿dónde más irían? 

 

Colibrí

Un enorme colibrí de madera pasó volando frente a mí. Me sorprendió no haberlo escuchado, pero luego noté que era por el peso de sus alas. Pensé enseguida que el batir debía resultarle dificultoso. Al pasar, sus ojos color caoba me quedaron mirando fijamente… luego simplemente se alejó, como queriendo buscar en el horizonte un nuevo traje de plumas.

 

El recuerdo

Nadie se va a acordar de mí. Así pasen veinte, treinta o cuarenta años. No importa. Es el mismo hombre el que tiene la necesidad de archivarse. A medida que pasa el tiempo se va volviendo cada vez más consciente de su efímera pasantía por esta vida.

¿Cuál sería el mensaje entonces? (…)

 

Vagabundo

No me importa nada… ni el trabajo, ni el estudio, ni los hijos, ni la casa. ¡No me importa nada! ¿Qué si alguna pensé en llevarlo tan lejos? ¿Qué si tomé correctamente la decisión cuando oprimido por las primeras presiones de la sociedad, sucumbí a la más prehistórica de mis emociones instintivas y, enterrándome las uñas en las palmas de las mis manos, arremetí contra toda razón y me mudé a la calle? ¿Qué si fue la calle, ese lugar oscuro y sereno, la que me sedujo con el espacio infinito que yo tanto imploraba, la misma que me lanzó a los brazos de la libertad solo para terminar apuñalándome lentamente con el frío del invierno y con ese silencio espantoso de medianoche…? Ninguna de esas preguntas importa ahora. En realidad nada importa, el destino echó las cartas hace mucho, hoy solo nos queda esperar.

 

El sueño

Anoche soñé que vestía de blanco. Pero no era cualquier blanco. Era un blanco muy particular. 

Un blanco cuyo peso radica más allá del mal aplicado término “pureza” y mucho más allá del sentido del “compromiso”. Me lo había puesto yo misma, sin ninguna pretensión de princesa, solo yo: vistiendo la consolidación de una vida en pareja. Era morir un poco.

El que sería mi esposo está también preparado para la ceremonia, sin embargo, este no se ha preocupado especialmente por su atuendo, mucho menos del color. Viste una camiseta y un pantalón. Fácilmente diríamos que es para una tarde de sábado en casa. Esta es para mí la parte en la que el sueño se vuelve pesadilla, porque ya siento la angustia de estar sola en esto.

De pronto me veo a mí misma amando sola. Que él no sienta como yo, que no vea las cosas como las veo yo…

Cambiar el mundo

Todos los seres humanos en su crecimiento como personas han experimentado ese apasionante sentimiento de querer cambiar el mundo. Todos a cierta edad soñamos con ser merecedores de un lugar reconocido en la historia de la humanidad. Lamentablemente, todos, así también, se dan cuento que no será posible.

 

Soledad

He perdido el norte, el sur y unos cuantos kilos. Me propuse considerar mi incomprensión del mundo como parte de un proyecto mucho más grande. Tan gigante que me permitiera refugiarme en algún lugar bajo la excusa perfecta. He vuelto sobre mis pasos para reencontrarme con la niña que fui. Para entregar un valor distinto a todo lo que hago ahora, y que no es otra cosa que lo mismo que he hecho siempre: un reflejo del alma. Hoy he aprendido a estar sola, y a escuchar la voz de mis pensamientos. No hay nada de malo en esta soledad.

 

Asesinato

Estoy pensando que podría llorar días enteros acá sentada, porque siento una pena tan honda que no puedo recurrir a alegorías de ningún tipo, no señor… no puedo. No puedo simplemente crear un lenguaje especial para asignar a cada tormento un nuevo referente, simplemente no. Disfrazar sin agallas algo tan propio de mí. Aquí han pasado cosas, han cambiado muchas y se han reconstruido otras. Aquí lo que hubo fue un auténtico asesinato. Aquí mismo, una mujer fue asesinada a sangre fría… lentamente como quien registra uno a uno los momentos que marcaron su metamorfosis. Aquí se mató señores, como el verdugo impasible que rebana la cabeza de otro hombre; así, sin ascos ni miramientos… ¡aquí! se mató a una mujer. ahora

 

¿Qué es la vida?

Al parecer, la vida no es más que otra dicotomía. La pregunta es, ¿estamos o no aquí? Las opciones son más que simples: si uno responde que sí entonces aparece el existencialismo, una mirada contemplativa ante la imposibilidad de hacer algo que cambie el rumbo de la humanidad. Ahora si por el contrario, se responde que no,  entonces la opción dice que todo es parte de un sueño. Somos nuestros pensamientos y lo que se nos permite crear con ellos. Una verdad muy borrosa…

 

Ella

Está sentada frente a mí. Toda cubierta de negro, porque la muerte es triste y por ende de vestir, de seguro sería de negro. Escucho como llora bajito, sorbe de vez en cuando los mocos que le ruedan hasta los labios. Me gustaría saber si llora por mí… me gustaría saber por cuánto tiempo más llorará…

Qué curioso y hasta divertido que no vinieran durante mi…

La Negra