Cuando regresaste del hospital habías olvidado tu pierna. Llamamos apenas lo notaste, pero nos enviaron a buzón de voz y perdimos tiempo precioso. La pierna podría estar ya muy lejos.
-Buenos días, habla con el hospital, ¿en qué le puedo ayudar?
-Hola, buenas. Llamo porque he perdido mi pierna.
-¿Su qué?
-Mi pierna.
-Ah… ¿A su pareja?
-No, no. Usted no entiende. Mi pierna, mi pierna derecha.
-¿Y dónde la ha perdido usted?
-En el hospital, claro.
-¿Está usted seguro?
-Bueno, recuerdo que fui al hospital andando en mis dos piernas y regresé solo con una.
-Bueno, espere en línea, no cuelgue.
-Ok.
-Hola, buenas tardes. Dígame…
-Hola, buenas. ¿Qué quiere que le diga?
-¿En qué le puedo ayudar…?
-Pero yo ya le dije a otra señorita.
-Dígame a mí ahora, ¿en qué le puedo ayudar?
-He perdido mi pierna derecha en el hospital esta mañana…
-¿En qué sección la olvidó usted?
-No lo sé…
-Déjeme revisar si alguien vio algo en objetos perdidos.
-Pero es que no es un objeto, es mi pierna derecha.
-Ya, pero aquí no hay nada. No cuelgue que lo comunico con psiquiatría.
-¿Con quién? ¡No, no! Escuche, usted tampoco entiende. Que no sé bien dónde la he dejado, pero sí sé que la he perdido, porque es que antes la tenía y ahora ya no. Eso debe significar algo, ¿no?
-Buenas tardes, departamento de psiquiatría, ¿en qué lo puedo ayudar?
-¿Qué? No puede ser…
-¿Está usted teniendo un episodio, señor?
-Un epi…? No… A ver, llamo porque he perdido mi pierna derecha en el hospital esta mañana.
-¿Está usted seguro de que su pierna no está pegada al muslo en este momento?
-Estoy viendo que no está…
-¿Puede usted tocarla? ¿Moverla?
-¿Cómo la podré tocar o mover si no está?
-¿Y dice que tampoco la puede ver? Con los ojos digo…
-¿Y con qué más podría yo ver?
-¿Ha tenido usted alucinaciones de este tipo antes?
-Aluci… Es que no tengo alucinaciones, señorita. Le digo que he perdido mi pierna, mi amada pierna derecha, mi favorita.
-¿Había perdido antes otra cosa?
-¿Otra cosa? No, cosas no. Pero… a ver, he perdido mi brazo izquierdo, tres dedos de la mano derecha y media oreja hace un par de años, también en el hospital. No todo junto, fue de a poco. Comencé a perder los dedos uno a uno. A veces me daba cuenta cuando iba en la micro de vuelta a casa, otras no lo notaba hasta el otro día. Con la oreja, por ejemplo, me tuvieron que decir que faltaba la mitad.
-Bueno y… ¿preguntó en objetos perdidos?
-No directamente, ellos me lo contaron. Es que no son objetos ¿sabe? Es mi cuerpo, señorita.
-¿Cuántos dedos dijo usted y de qué mano?
-A ver, señorita, disculpe, pero a esta altura mi pierna ya debe estar muy lejos. ¿Me puede decir si me puede ayudar, por favor?
-A ver no cuelgue que lo comunico.
-¡No! Por favor, espere. No me transfiera, ¡por favor!
– Buenas noches, objetos perdidos, dígame ¿en qué le puedo ayudar?
La Negra