Negra intrusa

Quise arrancar del destino violento, pero solo conseguí alcanzarlo.

Me dediqué impetuosa a borrar, a erradicar y a suprimir todo aquello que sentía.

Y no hablo del sentir mundano, vagabundo… como lo piensas, no.

Hablo del sentir con la conciencia,

no es un sentir físico ni emocional, es otra sentir.

Quise eliminar mi consciencia y quien era y dónde estaba y por qué.

Y las preguntas volvieron a mí como un puñetazo,

y de pronto la nariz rota y los músculos tensos.

¿Quién soy? ¿La Intrusa? ¿La Negra? ¿La Nena?

¿Quién soy?

No somos una ni somos dos, o quizás somos tres,

sospecho de la cuarta que me sonríe desde la otra esquina…

La cuarta, sí.

Ella parece que es…

Ella levanta la copa orgullosa por ser la olvidada,

sabe que sobre todo a ella quise erradicar… pero está sonriendo.

No se burla, ella entiende, ella aprende, ella no se olvida.

Quise arrancar del destino violento y aquí estoy

y lo busco para que me dé más duro,

para que me destroce y no deje huella.

De lo que soy y de lo que fui.

Y aquí me encuentro: ambos ojos morados, la nariz rota, las costillas quebradas,

la mandíbula chueca, la pierna coja, la pena a cuestas por la rosada vía.

Las tres primeras levantan sus copas con orgullo:

las penas, las rabias, la soledad, se la beben de un sorbo.

Son amigas, se entienden.

¿La cuarta?

La cuarta está sola.